Hacía tiempo no nos quedábamos después de hora. Esperar a que todos dejen su puesto laboral tiene un morbo increíble. Estábamos chateando sobre la tarea que te había pedido. Me gusta que seas obediente.
Nos quedamos solos, te pedí que cerraras la ventana de tu oficina. Yo estaba en el salón contiguo escuché el deslizarse de la persiana americana. Me avisaste que habías cumplido la orden, deseabas que fuera hasta tu escritorio.
Escuchaste el taconeo de mis botas acercándose. Pregunté ¿Cómo estabas? y escuché tu voz cortarse. Me encanta poder percibir tu excitación en esos detalles, la voz se te va se vuelve un hilito delgado, se convierte en susurro.
Hablábamos de nuestro próximo e inminente encuentro, detalles, ideas. Mi mano dentro de tu camisa jugando con tus pezones. Mi boca muy cerca de tu oreja, te arqueabas. Dejando tu cuello expuesto y mis dedos violaban tu boca jugando con tu lengua, llegando a provocar el reflejo de una arcada.
Gestos para desarmarte y provocar al esclav01 que vive en vos, ya estabas muy excitado.
Mi voz también era un susurro. Y una de esas ideas perversas se materializó en mi mente. En otra conversación había sido tu expresión de deseo, esta vez sería mí placer. Y obedientemente fuiste al baño a traerme un par de guantes de látex. Tus manos sobre el escritorio. Yo estaba sentada en tu butaca, y mis dedos se abrieron paso dentro tuyo. Mis dedos hurgaban un punto específico, examinaban tu interior para encontrar tu próstata. Un suave masaje prostático mientras mis susurros llegaban a tus oídos, y te enterabas que quería ver tu pene gotear semen sobre tu escritorio. A veces sentías mis otros dedos en tu espalda, recorriéndola con mis uñas. A veces estaban dentro de tu boca rascando tu lengua. Y siempre mis dedos en tu culo, y mis palabras en tu oído. Mis palabras violando tu mente, mientras mis dedos provocan tus gemidos. Mientras sentís como ese masaje obliga a tu cuerpo a expulsar tu semen, mientras entregabas el control de tu placer sexual al capricho y la velocidad de mi mano.
Las gotas comienzan a juntarse, forman un charco en tu escritorio y tu mente solo puede pensar en mi deseo de verte sorber esas gotas y disfrutar que juegues con ellas en tu lengua antes de tragarlas.
Mi voz sigue penetrando tu odio, y te pregunto si mañana vas a recibir gente en tu oficina. Me gusta pensar que sobre ese mismo escritorio mañana seguirá tu rutina diaria. Vendrán a pedirte consejo, sentaras a tus subalternos, recibirás visitas.
Cuando creo que fue suficiente masaje. Retiro mis dedos de tu cuerpo. Me quito el guante. Te miro a los ojos, y te veo arrodillado lamiendo las gotas del vidrio. Presiono tu cuello hasta que el vidrio se limpia, miro tu lengua blanca de semen. Y distingo una expresión nueva en tu rostro. No puedo calificarla, pero me prometo volver a buscarla.
Si hay algo único entre nosotros son esas expresiones tuyas. Esas que solo yo puedo encontrar en tu rostro.
BV
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